Tu iglesia quizá sabe menos Biblia de lo que crees: dos de cada tres asistentes reprueban una prueba básica
Una encuesta de Lifeway Research a más de 2.000 cristianos revela grandes vacíos de conocimiento bíblico. La maestra Jen Wilkin pide a las iglesias volver a enseñar la Escritura en serio.

Foto: Jor Eg / Unsplash
Ir a la iglesia cada semana no garantiza conocer la Biblia. Una nueva encuesta de Lifeway Research evaluó a más de 2.000 cristianos que asisten a la iglesia al menos una vez al mes y encontró que dos de cada tres no aprobaron una prueba de conocimientos bíblicos básicos: sacaron menos de 60 sobre 100.
Las preguntas no buscaban detalles difíciles. Abarcaban ocho áreas, como los personajes principales, los pasajes más conocidos, los grandes acontecimientos y la forma en que está organizada la Escritura. Los investigadores eligieron a propósito temas que cualquier creyente con algunos años en la iglesia debería reconocer.
Lo que muchos no supieron responder
- El 55 % no supo decir quién fue el primer rey de Israel (fue Saúl).
- Solo el 11 % ordenó bien cuatro sucesos importantes del Antiguo Testamento, y el 27 % cuatro del Nuevo Testamento.
- El 44 % no reconoció a Marcos como uno de los Evangelios.
- Dos de cada tres creyeron que «Ezequías» es un libro de la Biblia, y el 44 % pensó lo mismo del llamado «Evangelio de Tomás». Ninguno de los dos lo es: Ezequías fue un rey de Judá cuya historia aparece en 2 Reyes, 2 Crónicas e Isaías, y el «Evangelio de Tomás» es un escrito antiguo que la iglesia nunca aceptó como Escritura.
Los resultados coinciden con otro estudio de Lifeway publicado en febrero: solo el 31 % de los asistentes a la iglesia lee la Biblia a diario, aunque la mayoría dice que extraña ese tiempo con Dios cuando pasa varios días sin leerla. Es decir, el aprecio por la Biblia sigue ahí; lo que falta es el hábito de leerla y entenderla.
Una cultura que lee cada vez menos
El problema no empieza en la iglesia. Según las cifras que cita Jen Wilkin, maestra bíblica y escritora de Dallas, el estadounidense promedio mayor de 15 años dedicaba 21,9 minutos al día a leer en 2003. En 2010 la cifra había bajado a 18,3 minutos, y en 2025 a 16,2 minutos. Wilkin teme que las herramientas de inteligencia artificial, que resumen cualquier texto en segundos, reduzcan todavía más ese tiempo.
Hoy la mayoría recibe la información en imágenes, videos cortos y frases sueltas que otros ya digirieron por nosotros. Para una fe que se transmite de generación en generación a través de un libro, el cambio no es menor: si los creyentes dejan de leer, también dejan de conocer de primera mano lo que creen.
Muchos cristianos, además, consumen más contenido sobre la Biblia que la Biblia misma: prédicas, pódcasts, devocionales de cinco minutos o versículos sueltos en redes sociales. Todo eso puede ser bueno, pero no reemplaza leer la Escritura completa y en orden.
«El problema es de discipulado»
Wilkin comentó la encuesta en un artículo para The Gospel Coalition. Para ella, las cifras no hablan solo de la falta de lectura en la cultura digital, sino de cómo las iglesias forman a sus miembros: nadie puede enseñar a otros lo que no conoce, y la Gran Comisión manda precisamente enseñar a guardar todo lo que Jesús mandó.
El «pueblo del Libro» no lo lee.
Jen Wilkin, The Gospel Coalition
Wilkin recuerda otro estudio de Lifeway, de 2024, entre 2.620 pastores protestantes:
- El 52 % dice estar satisfecho con el discipulado en su iglesia, pero solo el 29 % lo evalúa con regularidad.
- Cuando se les pregunta por su prioridad, la respuesta más común es que el discipulado se centre en el conocimiento bíblico.
- El 89 % menciona la predicación como su principal herramienta para formar a los adultos, veinte puntos por encima de la siguiente respuesta, la escuela dominical.
- El 95 % cree que el discipulado ocurre en relaciones personales más que en programas, y por eso casi todas las iglesias evangélicas apuestan por los grupos pequeños.
Wilkin valora el sermón, pero advierte que escuchar en silencio una vez por semana es una forma pasiva de aprender: nadie domina una materia solo con oír una clase. Y los grupos pequeños, que suelen dedicar su tiempo a comentar la prédica de días atrás, tampoco llenan ese vacío. Las relaciones son importantes, dice, pero no sustituyen la enseñanza ordenada de toda la Escritura.
Los cristianos ya resolvieron esto antes
Wilkin insiste en que la solución no es nueva. Durante siglos, los cristianos fueron los grandes impulsores de la lectura, precisamente porque su fe descansa en un libro: tradujeron la Biblia a las lenguas del pueblo y fundaron escuelas y universidades para que la gente pudiera leerla.
La escuela dominical nació en Inglaterra hacia 1780, de la mano de Robert Raikes, para enseñar a leer a los niños que trabajaban en las fábricas y solo descansaban el domingo. En el mundo hispano, la misma convicción produjo la Biblia del Oso, la traducción completa de Casiodoro de Reina publicada en 1569 y revisada por Cipriano de Valera en 1602: la base de la Reina-Valera que millones de hispanohablantes leen hoy.
Para Wilkin, si los cristianos fueron campeones de la alfabetización en otras épocas oscuras, pueden volver a serlo en esta.
Volver a enseñar la Biblia
Su propuesta es que las iglesias piensen como buenos educadores:
- Espacios dedicados a estudiar la Biblia, distintos del culto y de los grupos de convivencia.
- Un plan que defina qué se enseña y en qué orden, en lugar de ir probando estudios sueltos según la moda.
- Maestros preparados que conozcan el texto y lo amen, porque el entusiasmo por la Palabra se contagia.
- Enseñar lo que la gente necesita, no solo lo que le apetece aprender.
Wilkin lleva más de una década con este tema. Ya en su primer artículo para The Gospel Coalition, en 2012, recordaba que la palabra «discípulo» significa literalmente «aprendiz»: alguien que sigue la enseñanza de otro. Su llamado a los líderes es no mirar hacia otro lado ni pensar que el problema es de la iglesia de enfrente, porque en una cultura que lee cada vez menos todas las congregaciones lo van a sentir.
Para quienes quieran empezar, recomienda una charla que impartió en la conferencia TGC25 junto a J. T. English y Kyle Worley, centrada en recuperar prácticas sencillas de enseñanza bíblica.
Haz la prueba en tu iglesia
Lifeway Research preparó una prueba de 25 preguntas, del mismo estilo que las de la encuesta, para que cada persona o iglesia mida su propio conocimiento bíblico. Wilkin anima a usarla en el próximo grupo pequeño, clase de escuela dominical o reunión de la iglesia, y a ver qué revelan los resultados. Si el puntaje es bajo, dice, hay buenas noticias: con prácticas sencillas de enseñanza se puede recuperar el conocimiento bíblico.
Cinco pasos para empezar hoy
- Lee libros completos, no versículos sueltos. El Evangelio de Marcos, el más corto de los cuatro, se puede terminar en una semana leyendo dos o tres capítulos al día.
- Aprende el mapa de la Biblia. Son 66 libros: 39 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo. Distingue sus partes: la Ley, los libros históricos, la poesía, los profetas, los Evangelios, Hechos, las cartas y Apocalipsis.
- Ordena la gran historia. Creación, patriarcas, éxodo, el reino de Israel, el exilio y el regreso; después, la vida de Jesús y el nacimiento de la iglesia. Con ese hilo, cada pasaje encuentra su lugar.
- Estudia con tres preguntas. ¿Qué dice el texto? ¿Qué significa? ¿Cómo cambia mi vida? Hacerlas en grupo ayuda a ir más allá de la opinión personal.
- Enseña a otro. Los padres a sus hijos, los creyentes maduros a los nuevos. Como dice Deuteronomio 6:6-7, estas palabras deben estar en el corazón y repetirse en casa y en el camino.
En la app de Biblia+ puedes leer la Biblia completa cuando quieras, desde tu celular. Empieza esta semana con un libro entero y descubre cuánto más se entiende cuando se lee en orden.
→ Lee el artículo completo de Jen Wilkin en The Gospel Coalition (en inglés)
Fuentes: The Gospel Coalition (Jen Wilkin), Lifeway Research. Foto: Jor Eg / Unsplash.
Por nuestras iglesias, para que vuelvan a amar y enseñar la Palabra, y por cada creyente, para que la lea con hambre y constancia.
Señor, tú que eres el Verbo eterno y decidiste hacerte carne para habitar entre nosotros, te adoramos por el misterio incomprensible de tu encarnación. No te quedaste distante ni inaccesible; te hiciste hombre, con cuerpo real, para que pudiéramos ver tu gloria con nuestros propios ojos. Gracias porque en ti encontramos lo que ningún templo ni tabernáculo pudo contener: tu presencia misma, llena de gracia y de verdad, caminando entre tu pueblo. Ayúdanos a no reducir nuestra fe a ideas abstractas, sino a recordar que tú entraste en la historia real, en un cuerpo real, para salvarnos de manera real. Que hoy podamos contemplar tu gloria no solo como un concepto teológico, sino como la certeza de que el Dios infinito se acercó a nosotros en Jesús. En tu nombre oramos. Amén.
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”Juan 1:14